
Mundial 2026: qué dejó el torneo, balance real de lo positivo y lo negativo
Balance final del Mundial 2026: lo positivo y lo negativo que dejó el torneo. Cerca de 7,8 millones tCO₂e emitidas, olas de calor sobre partidos clave, estadios reutilizados y una distribución económica que volvió a favorecer a FIFA y sponsors sobre las ciudades sede.
El Mundial 2026 terminó y dejó mucho más que un campeón. Se disputó entre Estados Unidos, Canadá y México, con 48 selecciones, 16 sedes y 104 partidos, y cerró como la edición más grande de la historia del torneo. También, según los principales análisis independientes, como la más contaminante: alrededor de 7,8 millones de toneladas de CO₂ equivalente emitidas, más del doble que Qatar 2022, que había cerrado con 3,63 millones según la propia FIFA.
Ahora que bajó el telón, es momento de mirar en frío lo que dejó: qué se hizo bien, qué expuso al mundo y qué debería cambiar antes de 2030. Este es el balance real, con datos verificados y sin relato de marketing.
Un torneo pensado a escala continental
La FIFA armó desde el inicio un Mundial más grande en todo sentido: pasó de 32 a 48 selecciones, de 64 a 104 partidos, y desplegó una geografía que fue desde Vancouver hasta Ciudad de México. La consecuencia fue una operación logística inédita, con equipos y aficionados moviéndose entre tres países durante más de un mes.
Ese diseño impactó de lleno en el pilar más difícil de disimular de cualquier mega evento: el transporte. Los estudios citados por Reuters y por el Greenhouse Gas Management Institute coincidieron en que la mayoría de las emisiones del torneo provinieron de vuelos —de selecciones, cuerpos técnicos, prensa y sobre todo hinchas—, muy por encima de lo que aportaron la energía de los estadios o las obras nuevas.
Lo positivo que dejó el Mundial 2026
Estadios reutilizados en vez de construcciones nuevas
A diferencia de ediciones anteriores donde se levantaron estadios desde cero, el torneo se apoyó en 16 sedes ya existentes, la mayoría vinculadas a la NFL, la MLS y la Liga MX. Eso evitó buena parte del carbono asociado al hormigón y al acero nuevo, y redujo la "deuda material" que suele quedar después del último partido.
Legado urbano en las ciudades sede
Varias ciudades aprovecharon la cita para acelerar obras que ya estaban en agenda: ampliaciones de metro, carriles exclusivos para buses, refuerzo de trenes de cercanías y flotas eléctricas de servicio. Fueron mejoras acotadas, pero con la ventaja de que quedaron instaladas para los vecinos una vez terminado el Mundial.
Un piso común de reporte ambiental
La FIFA pidió a las sedes reportar consumo energético, gestión de residuos y uso de agua bajo un marco común. No fue una revolución, pero por primera vez se generó una base de datos comparables entre países, algo indispensable para poder medir en serio en las próximas ediciones.
Impulso de corto plazo al turismo y al empleo temporal
Hotelería, gastronomía, transporte y comercio en las ciudades sede vivieron semanas de alta actividad. Se generó empleo temporal, aumentó la ocupación hotelera y muchas pymes locales tuvieron su mejor temporada del año.
Lo negativo que dejó el Mundial 2026
Una huella de carbono récord
Los análisis del Scientists for Global Responsibility y del Greenhouse Gas Management Institute coincidieron en ubicar a este Mundial como el más contaminante de la historia del torneo. El salto no se explica por lujo o derroche, sino por una decisión estructural: más equipos, más partidos y más ciudades sede, repartidos en un continente entero, multiplicaron los vuelos y toda la operación de logística.
Calor extremo sobre jugadores y aficionados
Uno de los relatos más repetidos de esta edición no tuvo que ver con el fútbol jugado, sino con el clima. La ola de calor que golpeó el este de Estados Unidos a fines de junio y comienzos de julio obligó a repensar horarios, hidratación y pausas técnicas. Partidos como Francia–Paraguay en Filadelfia, el 4 de julio, se jugaron con sensaciones térmicas peligrosas, con jugadores refrescándose bajo aspersores y con médicos advirtiendo del riesgo real para el público en las gradas. AP, NPR y ABC documentaron cómo el propio calendario del Mundial chocó de frente con una crisis climática que ya no es hipotética.
Distribución económica desigual
Como ya había pasado en ediciones anteriores, el grueso de la renta quedó en manos de FIFA, sponsors globales y grandes operadores. El derrame sobre pymes, trabajadores informales y economías barriales fue mucho más modesto de lo que anticipaban los discursos oficiales, y en varias sedes se registraron aumentos de precios, presión sobre alquileres y saturación de servicios urbanos durante el evento.
El costo ambiental de un formato que crece cada ciclo
La ampliación a 48 selecciones fue celebrada como una oportunidad para más países, especialmente de África, Asia y Concacaf. Pero también dejó en evidencia una tensión que la FIFA no terminó de resolver: cada edición más grande implica más emisiones, más viajes y más presión sobre las ciudades sede.
Balance: oportunidades y desafíos que deja el torneo
| Aspecto | Lo que dejó como oportunidad | Lo que quedó como desafío |
|---|---|---|
| Infraestructura | 16 estadios existentes reutilizados y mejoras urbanas heredadas. | Obras complementarias con impacto ambiental local y presupuestos públicos comprometidos. |
| Transporte | Refuerzo de movilidad pública en varias sedes, que queda como legado. | Emisiones aéreas récord por los desplazamientos entre tres países y 16 ciudades. |
| Huella de carbono | Marco común de reporte ambiental entre sedes por primera vez. | ~7,8 millones tCO₂e, más del doble que Qatar 2022. |
| Impacto social | Programas comunitarios y ampliación del acceso al torneo desde más países. | Gentrificación temporaria, aumento de precios y presión sobre servicios locales. |
| Economía | Impulso de corto plazo en turismo, hotelería y empleo temporal. | Distribución desigual: FIFA y grandes marcas concentraron el grueso de la renta. |
| Clima | Puso el debate climático dentro del deporte más visto del planeta. | Olas de calor extremo obligaron a modificar la dinámica de varios partidos. |
Qué se llevó el debate, más allá del campeón
Si algo quedó claro con este Mundial es que la sostenibilidad ya no es un discurso decorativo en los mega eventos deportivos. Se dijo con datos, con imágenes de jugadores agotados por el calor y con estudios científicos publicados en tiempo real durante el torneo. La pregunta de fondo dejó de ser si un Mundial contamina, y pasó a ser cuánto está dispuesta la FIFA —y las ciudades sede— a rediseñar el formato para que la próxima edición no vuelva a romper el récord.
Algunas ideas que ganaron fuerza durante y después del torneo:
- Sedes agrupadas geográficamente para reducir vuelos entre partidos.
- Metas obligatorias de emisiones por sede, verificadas por terceros.
- Ventanas horarias seguras para partidos en ciudades con riesgo de calor extremo.
- Contratos con proveedores locales para que la derrama económica no se concentre en unas pocas manos.
- Reportes públicos y auditables de huella de carbono, agua y residuos, sede por sede.
Preguntas frecuentes
¿Cuántas emisiones dejó el Mundial 2026?
Los análisis independientes más citados —Reuters, GHGMI y Scientists for Global Responsibility— coinciden en un rango cercano a 7,8 millones de toneladas de CO₂ equivalente, más del doble que Qatar 2022 (3,63 millones tCO₂e según FIFA). La mayoría provino del transporte aéreo.
¿Por qué contaminó tanto más que ediciones anteriores?
Por el salto de 32 a 48 selecciones, el paso de 64 a 104 partidos y una geografía de tres países y 16 sedes. Más equipos, más ciudades y más distancias implicaron más vuelos, principal fuente de emisiones del evento.
¿Se construyeron estadios nuevos?
No. Las 16 sedes fueron estadios ya existentes —en su mayoría de la NFL, MLS y Liga MX—, lo que evitó buena parte del impacto de levantar nueva infraestructura desde cero.
¿Qué pasó con el calor durante el torneo?
Una ola de calor golpeó el este de Estados Unidos entre fines de junio y comienzos de julio, afectando partidos de la fase de eliminación. La cobertura de AP, NPR y ABC dio cuenta de riesgos sanitarios reales para jugadores y público, y abrió el debate sobre horarios y sedes en próximos Mundiales.
¿El Mundial 2026 fue rentable para las ciudades sede?
Hubo un impulso real en turismo, hotelería y empleo temporal durante el torneo. Sin embargo, tal como ocurrió en ediciones anteriores, el grueso de los ingresos quedó en FIFA, sponsors globales y grandes operadores, mientras que el efecto sobre pymes y economía local fue más acotado de lo prometido.
¿Qué debería cambiar para el Mundial 2030?
Agrupar sedes por región para reducir vuelos, fijar metas obligatorias de emisiones por sede, planificar horarios pensando en el riesgo climático, priorizar proveedores locales y publicar reportes ambientales auditables y comparables.
Conclusión
El Mundial 2026 fue histórico dentro y fuera de la cancha. Amplió el torneo, sumó países y llenó estadios, pero también dejó al descubierto una verdad incómoda: seguir creciendo con el mismo modelo no es sostenible. La discusión ya no es si el próximo Mundial debe medir su impacto ambiental, sino cómo va a reducirlo sin renunciar a su espíritu global. Y esa conversación, a diferencia del torneo, no tiene silbato final.
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